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Martes, 20 de octubre de 2026
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Hallan en Tailandia el consumo más antiguo conocido de nuez de betel

Arqueólogos detectan restos de esta práctica milenaria en análisis de cálculo dental de hace 4.000 años.

Redacción Digital

· 1 min de lectura

Hallan en Tailandia el consumo más antiguo conocido de nuez de betel

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Tailandia – Un equipo internacional de arqueólogos ha encontrado la evidencia más antigua conocida del consumo de nuez de betel, una sustancia psicoactiva tradicionalmente masticada en gran parte de Asia. El hallazgo, publicado en la revista Frontiers in Environmental Archaeology, demuestra que esta práctica ya formaba parte de la vida cotidiana en el sudeste asiático hace unos 4.000 años, durante la Edad de Bronce.

La investigación se desarrolló en el yacimiento arqueológico de Nong Ratchawat, en el centro de Tailandia, donde desde 2003 se han desenterrado restos de más de 150 personas. Para este estudio, los científicos tomaron 36 muestras de cálculo dental de seis individuos y aplicaron nuevas técnicas de análisis químico capaces de identificar residuos invisibles a simple vista.

Los resultados revelaron trazas de arecolina y arecaidina, compuestos presentes en la nuez de betel y responsables de efectos fisiológicos como aumento del estado de alerta, mayor energía, euforia y relajación. Estos compuestos también pueden encontrarse en otras plantas como el café, el té y el tabaco, pero el contexto arqueológico y cultural apunta directamente a la masticación de betel.

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En el sudeste asiático, este hábito ha estado profundamente ligado a la vida social y ceremonial durante milenios. En la antigüedad, masticar la nuez de betel no solo era una práctica recreativa, sino también un acto con connotaciones rituales y comunitarias, transmitido de generación en generación. Aunque su consumo ha disminuido en la era moderna, todavía se conserva en ciertas regiones como parte de tradiciones locales.

Los investigadores subrayan que comprender este tipo de hallazgos exige mirar más allá de la visión contemporánea que clasifica muchas plantas psicoactivas únicamente como drogas. Señalan que estos usos forman parte de un conocimiento cultural ancestral, vinculado a la espiritualidad y la identidad de comunidades enteras.

Este descubrimiento no solo amplía el registro arqueológico de las plantas utilizadas con fines psicoactivos, sino que también demuestra la permanencia de hábitos culturales que han sobrevivido miles de años, atravesando cambios sociales, políticos y tecnológicos.

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