Cerebros de «superancianos»: qué los hace únicos y cuánto podemos aprender de ellos
Estos cerebros mantienen estructuras clave para la memoria, la toma de decisiones y la sociabilidad.
Redacción Digital
· 3 min de lectura

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Chicago – Los superancianos son personas de 80 años o más cuya memoria se mantiene como la de alguien al menos 30 años más joven. Estos individuos desafían la creencia de que el deterioro cognitivo es inevitable con la edad y ofrecen claves importantes sobre la resiliencia cerebral y la preservación de la memoria a largo plazo.
El Programa de Superenvejecimiento de la Universidad Northwestern, en Chicago, ha estudiado durante 25 años los cerebros de estas personas excepcionales. La doctora Tamar Gefen, neuropsicóloga del programa, recuerda el impacto que tuvo estudiar el hipocampo de una superanciana sobreviviente del Holocausto: “Sus neuronas eran grandes y saludables. Me asombró que una estructura tan intrincada pudiera contener recuerdos tan terribles y, al mismo tiempo, mantener su vitalidad y alegría”.
El término superaging se acuñó en este centro de investigación, y todo comenzó por casualidad en los años 90, cuando los científicos recibieron la autopsia cerebral de una mujer de 81 años con memoria intacta y un solo ovillo neurofibrilar, una maraña de proteínas tau asociada a la enfermedad de Alzheimer. Este hallazgo extraordinario impulsó la creación del programa en el año 2000 y abrió un nuevo enfoque en el estudio del envejecimiento: centrarse en lo que funciona bien, no solo en las patologías.
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Características cognitivas y cerebrales
Los superancianos presentan un fenotipo neuropsicológico y neurobiológico único. Su memoria episódica —clave en recuerdos autobiográficos y en la vida diaria— se mantiene excepcionalmente fuerte. Los estudios muestran que su corteza cerebral, incluyendo regiones como el giro cingulado anterior, conserva un grosor cortical similar al de personas de 50 o 60 años, lo que contrasta con la reducción típica que ocurre en el envejecimiento normal.
Además, sus cerebros contienen un número mayor de neuronas Von Economo, vinculadas a la interacción social y la empatía, y neuronas entorrinales más grandes, esenciales para la memoria. Estas características podrían explicar por qué los superancianos tienden a mantener relaciones sociales sólidas y un comportamiento motivado y activo, aunque los científicos aún no saben si la sociabilidad es causa o efecto de estas neuronas especiales.
Otro hallazgo destacado es la resiliencia cerebral: muchos superancianos presentan pocas placas amiloides y ovillos neurofibrilares, o son inmunes a los efectos que estas estructuras suelen causar en personas mayores. Su microglía, el “equipo de limpieza” del cerebro, funciona de manera eficiente, evitando inflamación excesiva que podría dañar las neuronas. También se observa una mejor conservación de la inervación colinérgica, clave en la memoria y el procesamiento cognitivo.
Diversidad en estilos de vida
El Programa de Superancianos ha estudiado a 290 participantes y realizado 77 autopsias. Lo sorprendente es que no existe un patrón de vida “ideal”: algunos siguen dietas estrictas, hacen ejercicio y evitan hábitos perjudiciales, mientras otros fuman, beben o experimentan estrés y privación de sueño, sin que ello afecte necesariamente su memoria. La evidencia sugiere que la combinación de genética, biología y factores ambientales contribuye a su resiliencia, pero no hay una fórmula única para alcanzar un envejecimiento cognitivo excepcional.
Ralph Rehbock, uno de los superancianos del programa, nacido en 1934, destaca la importancia de mantener la mente activa y el contacto social: “Armar rompecabezas, pasar tiempo con la familia y compartir la historia de mi vida ha sido clave para mantener mi memoria”.
Posibilidades y recomendaciones
Los investigadores coinciden en que aún no se puede replicar de manera garantizada un cerebro de superanciano. La doctora Sandra Weintraub indica: “No hay un cerebro superanciano que puedas ‘fabricar’. Lo importante es la memoria y la perspectiva de la vida”. Sin embargo, reducir riesgos mediante hábitos saludables —alimentación equilibrada, actividad física, manejo del estrés, sueño adecuado y estimulación mental— aumenta las probabilidades de preservar la función cognitiva.
La doctora Molly Mather añade que no cumplir todas las recomendaciones no significa que no se pueda tener un buen envejecimiento cognitivo: “Se trata de integrar hábitos saludables de una manera significativa y personal, no de seguir un manual rígido”. Las investigadoras enfatizan que factores genéticos y biológicos juegan un papel determinante, y que el envejecimiento cerebral es resultado de múltiples interacciones complejas.
El estudio de los superancianos sigue ofreciendo pistas sobre la resiliencia celular, la preservación de la memoria y cómo algunas personas logran un envejecimiento cognitivo excepcional, abriendo la puerta a futuras investigaciones para entender mejor estos mecanismos y, tal vez, trasladarlos a la población general.
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